viernes, 25 de octubre de 2013

Adiós a tu ausencia...

Hoy vuelvo a este rincón que tenía olvidado, para depositar una vez más un pedazo de mi alma...

Y acá estoy de nuevo, en otra noche de lluvia conjurando tu ausencia. Tu ausencia q no es de hoy sino de siempre, incluso en esos momentos en que estabas a mi lado. Ausencia que fue, que es que será, que no va a llenarse nunca y cuya única cura es que te extirpe de mi mente, de miel, de mi alma.

Te conocí de noche, y debo arrancarte de mí en las penumbras que le siguen al atardecer. Es cierto, nuestros cuerpos se encontraron, nuestras pieles se erizaron y por momentos pareció complemento perfecto, cual vaso de agua que calma la sed, como río que finalmente desemboca en el mar. Perfecto.

Pero no, no era más que una ilusión, una ilusión de cuerpos, una ilusión de besos, una ilusión física que nunca llego más allá. Una ilusión de la que te bajaste cada vez que no estuviste a mi lado y de la que yo nunca me quise bajar.

Es tiempo ya. Como aquella noche, hoy llueve. Es tiempo de dejar de soñar en soledad… con soledad. Aferrarse al pasado no bastará para salir de este oscuro infinito. Al infinito de las ilusiones sin sentido se entra sólo y se sale solo. Hoy es momento de dejar tu recuerdo y empezar a salir.


Tu no me extrañaras. Quedará allí tu recuerdo como esos muebles viejos que causan ternura al verlos pero que no sirven de nada y yo continuaré mi camino. Después de todo el ser completo es el ser sólo, en su camino, con su libertad. No hay ser completo con ataduras. ADIOS.

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